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UN POCO DE HISTORIA
HITOS
FUNDAMENTALES DE LA HISTORIA DE SANTILLANA DEL MAR
Siglo IX
Proceso
de colonización de la franja costera (la Marina) organizado desde el
territorio de la Liébana.
943
- El monasterio de Santa Juliana se convierte en el polo de colonización
de la zona. Es considerado monasterio maiore, frente a otras fundaciones
religiosas de la zona.
A
través de los siglos XII y XIII se fue consolidando la Merindad de las
Asturias de Santillana, una de las 13 que conformaban el antiguo reino
de Castilla. Las denominaciones más antiguas que se han encontrado referidas
a Santillana del Mar y al territorio que la circunda son Valle de Camesa
y la villa de Planes.
En
el año 1045, Fernando I otorgó al abad de Santa Juliana un fuero por
el que adquiría inmunidad jurisdiccional è de dominio monástico, Santillana
pasa a ser señorío jurisdiccional. En el último tercio del siglo XIV,
Santillana fue integrada en un corregimiento denominado Corregimiento
de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar. En ella residía el Corregidor.
Siglo XV
Pierde su condición de realenga y la capitalidad del Corregimiento,
ya que pasa a poder de la Casa de la Vega. Ello significará, entre otras
cosas, el principio de su decadencia frente a otras poblaciones.
1444
El hijo de
Leonor de la Vega, Iñigo López de Mendoza pasa a ser Marqués de Santillana.
Durante estos dos últimos siglos, la sociedad de Santillana, plenamente
feudalizada, estaría formada de manera muy parecida al siguiente esquema:
Maiores
(infanzones o nobiles), de origen local.
Seniores
o domini, más vinculados a los reyes leoneses o a los condes
castellanos, ejerciendo funciones jurisdiccionales delegadas como agentes
feudales.
Domnos
y Domnas. Boni Homines o meliores, participantes
en la administración y gestión de la comunidad Pero a finales del siglo
XIV y principios del XV surge con fuerza la figura del hijodalgo (infanzones
+ caballeros y escuderos). Todo este proceso de diferenciación social
dentro de la villa, lleva aparejado a lo largo de la Baja Edad Media
y de la Edad Moderna el debilitamiento del poder del abad de Santillana,
es decir, un proceso por el que el poder civil va superponiéndose al
poder religioso, fenómeno que también se observará en otros ámbitos
de la corona castellana.
Siglo
XVI
La Edad Moderna
comienza en Santillana de manera bastante agitada, ya que en 1509 tras
varios enfrentamientos militares, el abad de Santillana reconoce el
señorío del III Marqués de Santillana sobre la villa.
En el Pleito de los Valles, todas las jurisdicciones de la Montaña vuelven
a la jurisdicción real, excepto Santillana y otros lugares de la región.
Esto supuso un importante contratiempo para la villa que sufrió un serio
estancamiento e, incluso, retroceso, aislada administrativamente y limitada
al marco territorial del señorío de la Vega. Su evolución con respecto
a otras villas de la Montaña comienza a ser negativa. Sin embargo, algunas
de las más prominentes familias de la población participan de la expansión
imperial de la corona castellana, tanto en Europa como en el Nuevo Mundo.
Ello hará que la villa experimente en el siglo siguiente un importante
proceso de construcción de edificios civiles como religiosos. Sin embargo,
su posición en el contexto de la Cantabria del Antiguo Régimen comienza
a declinar imparablemente.
Siglo
XVII
Se asiste
a un cierto esplendor de Santillana como consecuencia de la presencia
de algunas de los más importantes linajes de la población en la expansión
imperial de la Corona de Castilla, proceso que ya se señaló su comienzo
en el siglo anterior.
Siglo
XVIII
El proceso
de creación del obispado de Santander y de la capitalidad de Santander
demuestra la crisis y la falta de influencia que la villa tiene sobre
el resto de Cantabria. Santillana intenta que su colegiata se convierta
en sede catedralicia, pero el empuje de Santander y su dependencia de
la casa del Infantado hacen fracasar este intento de impulsar la antigua
villa a capital religiosa de la Montaña.
Desde el punto
de vista social, político y económico, en la Edad Moderna y, hasta finales
del siglo XVIII, serían los hidalgos de linaje los que controlarían
la vida de la comunidad a través del Concejo. Apellidos como los: Barreda,
Polanco, Velarde, Villa, Sánchez de Tagle, Peredo y algunos más van
a relevarse en los cargos de Merino y en los de representación de Santillana
en otras instituciones superiores.
En el siglo
XVIII (1753), nos encontramos con un panorama en el que el concejo está
dominado por una docena y media de familias que controlan los resortes
de poder económico y político y un gran número de campesinos ganaderos
cada vez más dependientes de estos grupos dominantes. Una de las características
de la Santillana del Mar en el siglo XVIII es la insuficiencia de los
recursos, sobre todo, en lo que se refiere a la propiedad de la tierra,
de esta manera, muchos campesinos tienen que emplearse o arrendar tierras
a estos linajes locales.
Siglo
XIX
La segunda
transformación importante en la historia de Santillana del Mar tiene
lugar a mediados del siglo XIX, con el reparto de tierras procedentes
de una doble fuente. Por un lado, la desamortización religiosa y civil
y los cerramientos ilegales. Estos procesos siguieron beneficiando a
los grupos dominantes que así aumentaron su poder y su influencia en
la población. Pero ello no impidió que Santillana del Mar entrara en
una fase de estancamiento y crisis de la que ya no saldría hasta bien
entrado el siglo XX. No obstante, tiene lugar desde mediados de la centuria
decimonónica un fenómeno de conocimiento de la villa a partir de las
visitas de personajes ilustres: viajeros, políticos, literatos y otras
personalidades que, mediante diversos escritos, realizan lo que podríamos
denominar hoy día "campaña de promoción" de Santillana del Mar en aquel
siglo.
Siglo
XX
Desde finales
del siglo XIX y principios del XX, podemos ver en Santillana y las comarcas
de los alrededores otro proceso, merced al cual el agricultor-ganadero
se inserta plenamente en la economía de mercado. Varias son las razones
de esta nueva situación. Por una parte, la introducción de razas vacunas
lecheras y extensión del prado y de los cultivos pratenses artificiales
en detrimento del monte y de los cultivos agrícolas. Por
otro, la paralela proliferación de industrias lácteas (leche fresca
y derivados lácteos)
Esto, junto
a la apertura desde principios de siglo de varias grandes empresas en
los alrededores del lugar, dirigen a la villa y a su municipio a una
nueva etapa: la del predominio de la pequeña explotación familiar en
la que el ganado vacuno de producción láctea ocupa una parte importante
en la configuración de la casa familiar y en el paisaje circundante.
En este sentido,
Santillana del Mar es stricto sensu un paradigma de las transformaciones
que sufre el modelo productivo en la Cantabria del fin del siglo XIX
y principios del XX. Un modelo en el que el "obrero mixto", remedo de
lo que en el siglo XVIII se denominaba "agricultor mixto", es la pieza
fundamental del sistema social y económico que caracterizó Cantabria
hasta poco más allá de 1975. Ese modelo va a atravesar con éxito los
tres primeros cuartos de esta centuria, siempre, no obstante, con grandes
dificultades derivadas de la insuficiencia crónica de tierras que sufren
los habitantes de la villa, lo que provoca que la mayoría de las explotaciones
que permanecen en la actualidad no dispongan de un número suficiente
de vacas para superar con éxito las exigencias y las imposiciones del
mercado. A finales de los años 70 del siglo pasado, con la crisis de
las grandes industrias circundantes y, pocos años más tarde, con el
ingreso de España en la CEE y sus exigencias de reducción de las explotaciones
ganaderas, Santillana del Mar y la producción láctea de Cantabria sufren
un duro golpe.
En los últimos
20 años, surge con fuerza una nueva actividad derivada del turismo -
aunque hay antecedentes desde el siglo XIX, incluso antes del descubrimiento
de Altamira -: las actividades ligadas al ocio y al turismo. Esto ha
vuelto a cambiar la fisonomía de Santillana. Muchos establos y cuadras
se han reconvertido en establecimientos comerciales y hosteleros. De
ello da buena muestra el hecho de que entre 1975 y 1995 se multipliquen
por dos y por tres los bares, restaurantes y hoteles o tiendas de comercio
ocasional o permanente. Otra fase más cualitativa, mucho más reciente,
es la parición de instalaciones culturales que están haciendo de Santillana
del Mar un referente no sólo comarcal, sino regional e, incluso nacional
en ese área. En este sentido, cabe destacar a la Fundación Santillana
o al recientemente inaugurado Palacio Caja Cantabria, antiguo Palacio
Benemejís; también cabe citar al Museo Diocesano, sedes de magníficas
y sonadas exposiciones. En un lugar más modesto podríamos situar al
Museo Jesús Otero. Esta situación privilegiada está a punto de convertirse
previsiblemente en un fenómeno de masas con la inminente apertura de
la réplica de la cueva de Altamira.
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Evolución
de la población de Santillana del Mar a lo largo de los tres últimos
siglos
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1752
- 1.734 hab
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1852
- 2.235 hab
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1900
- 1.623 hab
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1950
- 3.155 hab
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1960
- 3.703 hab
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1970
- 3.917 hab
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1981
- 3.884 hab
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1991
- 3.839 hab
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1996
- 3.854 hab
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Textos:
Miguel Ángel Sánchez- Prof Titular de Historia Contemporánea
de la Universidad de Cantabria
URBANISMO
Y ARQUITECTURA
La concesión
del fuero en 1209 convierte la villa en capital de la merindad de las
Asturias de Santillana (territorio que abarcaba la mitad occidental
de la actual región) y residencia del merino o representante
regio. Ello supuso la creación de un nuevo ámbito administrativo
en torno a la plaza del Mercado (actual plaza Mayor) en donde se celebraba
un mercado semanal. De esta forma se configuró un urbanismo,
en "Y" griega, basado en dos centros -religioso y civil-y dos calles
que confluyen a la entrada del pueblo: la rúa del Rey (citada
desde el siglo XIII y actual calle del Cantón) que parte del
atrio de la colegiata (abrevadero), y la calle de Juan Infante, que
surge desde la plaza, en torno a las cuáles se fueron jalonando
las casas,palacios, solares, huertos y corrales, que al amparo de unas
estrictas ordenanzas concejiles desde 1575, ha perdurado con escasas
variaciones hasta nuestros días.
De la arquitectura
hemos de destacar las torres góticas de la plaza (la del Merino
y la de don Borja
y la casa de la Parra);
y las de Velarde y Otero en la calle del Cantón. La casa de doña
Leonor de la Vega (madre del marqués de Santillana en la calle
del Cantón); el palacio renacentista de Velarde,
tras la colegiata; las casonas y palacios barrocos de las familias importantes
-Barreda, Bustamante, Tagle, Villa, Peredo, Polanco, Quevedo...- y los
dos conventos de dominicos (Regina
Coeli, masculino; y San
Ildefonso, femenino), construidos en el siglo XVII a las afueras
de la villa. En sus fachadas campean los escudos de armas de los fundadores,
con lemas relativos al honor, al triunfo y a la fama: "un buen morir
es honra de la vida" (de los Villa); "da la vida por la honra y la honra
por el alma" (de los Cos). Otros inventan su parentesco con personajes
de leyenda: "Velarde (o Tagle) se llamó, en que la sierpe mató
(en referencia a san Jorge) con la infanta se casó" (de los Velarde
y Tagle). De estas casonas de hidalgos decía Ortega y Gasset:
"lo grande no es su dimensión sino su pretensión" . Ciertos
palacios se erigieron con dineros enviados desde América por
los indianos, como el de los
Sánchez de Tagle, en el Revolgo, o el de Peredo,
junto al cruce, que posee un soberbio escudo y un parque de gran interés
botánico. También se conservan las cuatro fuentes tradicionales:
la Vieja, la Fontanilla, la del Cantón y la del Revolgo, ésta
con la escultura de la cabra, obra de Jesús Otero.
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