Santillana
del Mar a los ojos del viajero....
Antolín
Esperón. Impresiones de viaje: Santander
1848
La villa de
Santillana se parece a una mujer en otro tiempo hermosa, rozagante, que
recibió inciensos y adoraciones, y que ahora, vieja, arrugada, todavía
se le figura que está en sus verdores, y que se acuerdan de ella,
y que impone su personalidad a cuantos la rodean, para expresarme con una
frase moderna. A su aspecto hubiera podio exclamar Volney cual si estuviera
al frente de las ruinas de Palmira. Aquí fue una población
importante y populosa, metrópolí de las antiguas Asturias
que comprendían casi las tres cuartas partes de la moderna provincia
de Santander; cuna y morada de la aristocracia cántabra que en ella
poseía sus palacios y sus feudos..
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Amós
de Escalante.Costas y montañas 1871
Santillana
en las proporciones de villa a ciudad, de casa solar a palacio, de colegiata
a catedral, de caballero aventurero a
prócer palatino, señor de horca y cuchillo, recuerda ciertas
ciudades italianas, magníficas, soberbias un tiempo, ya despobladas
y ruinosas, que en su abandono presente parecen más altivas y ceñudas
que lo fueron en días prósperos y gloriosos; que en su construcción
y traza conservan la huella de una historia intestina, agitada, febril.…..
Vamos al claustro,
joyel precioso del arte románico .... cuya impresión primera
vivirá en tu corazón, lector que lo visitas, como vive en
el mío, si al pisar sus melancólicos ámbitos viene
la risueña luz del día a dar triste realce a las añosas
piedras... El
sol partía diagonalmente el patio, proyectando en su centro la negra
sombra de la torre del crucero ... Sirvieron las galerías de este
claustro ... de cementerio; a una de ellas se asoma la boca del repleto
osario... Allí están arrimados, enteros unos, destrozados
otros, los viejos ataúdes de piedra, donde el polvo de los siglos,
llenando los huecos abiertos por el cincel, ha borrado la huella del arte,
devolviendo a la materia el primitivo aspecto informe y bruto...
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Benito
Pérez Galdós. Cuarenta leguas por Cantabria
1876
Salimos de
Santander y nos detuvimos en Santillana, la villa muerta como Brujas, dormida,
mejor en el remanso de la Historia. Todo era soledad y silencio, porque
Santillana parece el pueblo más arrinconado del mundo, el más
apartado de todas las rutas de la vida activa. Vimos las casas venerables,
llenas de escudos, que parecen viviendas de gente de otro siglo... Casas
viejas, muy viejas, torcidas, llenas de jorobas...
Lo mejor es
el claustro, con sus cuatro galerías y sus columnas de variados
capiteles. Trascendía a humedad, y las piedras tenían color
de corcho. El suelo estaba cubierto por una vegetación medio salvaje,
y en el osario imponía un enorme montón de calaveras, que
una leve ráfaga de viento podía empujar y hacer caer al suelo
con ruido siniestro. Una noche de invierno en el claustro, daría
mucho miedo. Luego vimos el palacio de Casa-Mena curioseamos la biblioteca
y recorrimos el hermoso parque..
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Manuel
Ossorio y Bernard. Las dos Castillas. Impresiones propias y ajenas
1877
”/se/ comprenderá
el sentimiento con que he dejado de hacer la excursión que me aconsejaban
al cercano y pintoresco pueblo de Santillana, donde existe un antiquísimo
y célebre monasterio que merece verse aun cuando solo sea por figurar
como una de las pocas construcciones que en España quedan de ese
estilo romano, tan lleno de elegancia y solidez, que se introdujo en la
Península, y sólo en su parte septentrional, a fines del
siglo XI ...
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Emilia
Pardo Bazán. Por la España pintoresca. Desde la Montaña
1894
La villa de
Santillana, que es toda ella un monumento, no contiene más monumento,
propiamente dicho, que la abadía o colegiata, la cual, si no fuese
por su claustro, no eclipsaría el recuerdo de otras colegiatas que
visité no ha mucho ... En la iglesia merece notarse el órgano,
cuya caja esculpida conservó con gran acierto, al restaurarlo, mi
huésped el marqués de Casa Mena. También son dignos
de una mirada los capiteles de las columnas que sostenían las tres
naves... y son de gran valor artístico las pinturas del retablo...,
el frontal de plata cincelada y las esculturas en madera y en piedra, que
representan los Apóstoles, así como las ricas piezas de plata
repujada que guardan en la sacristía. Mas lo que me detiene largo
rato es el sarcófago de la virgen Santa Illana o Juliana, patrona
de estas Asturias, sarcófago que ocupa el centro de la nave ...
Parece
la estatua yacente de Santa Juliana una página de misal, o más
bien la portada de un libro de caballerías... Es la damisela
esbelta de talle grácil, que vemos en las vidrieras de colores
y en las tapicerías de alto lizo; la mujer azucena, de larguísimo
cuello, de corpiño pudoroso, de falda flotante y castamente plegada,
de pies rectos y puntiagudos, de manos exquisitas, de enigmática
expresión en el rostro. Es imposible imaginar cosa más
poética que la tal estatua yacente... La
que Pérez Galdós llamó "Villa difunta" presenta,
como su mejor título a la admiración del viajero, el variado
caserío, donde subsisten ejemplares de todo género de
moradas hidalgas...Entre las más arrogantes residencias de Santillana
citaré la casa de los Hombrones, a causa de dos jayanes
de tamaño natural, vestidos a la chamberga con militar desenfado
y bizarría, que hacen el oficio de tenantes de la piedra de armas..,
La obsesi6n
heráldica de Santillana se duplica, cuando por la noche, cansada
ya de recorrer el pueblo, me dedico a curiosear la magnífica
biblioteca de mi huésped, atestada de libros de caballerías,
índices y árboles genealógicos, tratados de blasón
y monografías históricas de la provincia….

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Alfonso
Pérez Nieva. Por la Montaña. Notas de un viaje a Cantabria
1.893
Una calle estrecha
y larga que comienza en la misma carretera, nos tira de la vista. ¡Dios
mío, qué sorpresa! De pronto, bruscamente, en lo que se tarda
en llegar a las primeras casas, nos hemos hundido en el pasado. Vergüenza
da presentarse vestido de tal guisa con los prosaicos arreos del siglo
XIX ante unos edificios que se han mantenido incólumes, deteniendo,
a la entrada de la vieja vía todo aire reformista e innovador. Por
donde quiera que se tienden las miradas desecúbrense fachadas de
cantería, portales empedrados, escudos esculpidos en los dinteles,
puertas con clavos enormes, balcones salientes de fina labor, rejas de
recios barrotes, mansiones solariegas, hornacinas y canecillos, viviendas
de opulentos señores o de míseros hidalgos, albergues que
se cuartean que se desmochan, que se caen, que se apoyan unos en otros
para sostenerse, y que, a la manera de los ancianos fieles a su tiempo,
conservan la indumentaria peculiar de la época de su construcción,
únicamente arreglada por los siglos. !Qué hermoso y qué
hermoso! .Por algo llaman a este pueblo el Toledo de la Montaña.

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Katharine
Lee Bates. Carreteras y caminos de España 1899
Santillana
es el santuario de Santa Juliana, mártir romana, cuyo cuerpo se
dice que fue traido aquí en el síglo XV. Los feligreses de
las montañas construyeron en este valle, al amparo de una vieja
fortificación, una preciosa iglesia, una joya del románico
primitivo, en torno a la cual pronto se reunió una prospera comunidad.
Durante la Edad Media, Santillana fue la ciudad más importante entre
Burgos y Oviedo, y dio nombre a esta parte de la Montaña. Los sucesivos
marqueses de Santillana fueron personajes importantes en España,
tuvieron gran importancia en la corte. Era una de las familias más
antiguas de Castilla, que decía descender del Cid y que atesoraba
el recuerdo de otro heroico antepasado que, en 1385, dio la vida para salvar
la de su señor.
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Joaquín
Dicenta, Desde los Rosales 1906
Santillana
es una ciudad fósil, una evocación del pasado que se aboceta
bajo un cielo casi siempre gris...A su entrada tropezáis con un
convento de añeja arquitectura; sus celosías están
pintarrajeadas de bermellón; sólo tinieblas se descubren
por entre aquellas celosías...
Resulta el
convento prólogo adecuado a Santillana. La población entera,
por su ambiente, por sus edificios por la configuración de sus calles
y por el vivir de sus habitadores, es imagen cabal de aquellos tiempos
durante los cuales fue el convento rey señor de conciencias y bienes.
Hasta la luz que baja del cielo tiene claustrales palideces.Hermosa muestra
del estilo románico es la colegiata de triple ábside, construida
en el siglo XI; hermoso es el claustro, de igual, aunque posterior, arquitectura,
cuando el románico había llegado a su apogeo, y desbordaba
en esculpidos capiteles...
Hermoso es
el claustro de la colegiata; hermosa la iglesia y notable el retablo del
altar mayor, hecho con tablas del gusto flamenco, divididas por repisas
y cresterías del gótico florido; pero con ser ellos muy hermosos,
no fueron quienes más tiempo me robaron y más ocupaciones
dieron a mi pensar en la visita a Santillana.
Fue Santillana
entera, el espectáculo total, completo, de aquella población.
Fueron sus calles silenciosas encuestadas, estrechas, de las que la hierba
es tapiz, y el silencio dios; fueron sus edificios amarillentos, sobre
cuyas puertas se alzan nobiliarios escudos; fueron sus portones claveteados,
sus anchos aleros que se adelantan para proteger balcones y rejas de la
lluvia; fue aquel aspecto de antigüedad, de miseria y de ruina, que
la villa ofrece a las miradas del viajero. Ellos me hicieron vivir durante
algunas horas la tristísima vida de los siglos XVII y XVIII.

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José
Ortega y Gasset. El espectador 1925
Santillana
del Mar, con su aspecto de antigua decoración de teatro, hecha para
que delante se reciten décimas sin parar, nos mueve a buscar una
compensación en la cueva de Altamira...
Abre el guía
una verja que defiende el ojo negro de la caverna por donde hemos de ingresar.
Avanzamos el pie sobre un terreno húmedo, resbaladizo, pedregoso.
Pronto sentimos que la tiniebla nos ha devorado y nos malaxa, nos mastica
con sus mandíbulas impalpables.
Entretanto,
el guía enciende una lámpara de acetileno. Nuestro afán
de ver los, bisontes ilustres no admite espera. Miramos el techo de la
cueva. !Helos ahí! !Fantasmáticos, monstruosos! Se mueven
sobre el haz de la piedra. Pero no; ha sido un error. Lo que hemos visto
era nuestras propias sombras, temblorosas, proyectadas sobre la techumbre
por la lámpara que yace en el suelo. ¿Y los bisontes?….
Es la segunda
vez que visito el antro misterioso y la impresión de estupor que
me produjo la primera sólo ha podido aumentarse. La perfección
y la complejidad de este arte rupestre sacuden dentro de nosotros legiones
de ideas anquilosadas, demasiado seguras de sí mismas. No hay duda:
la cueva de Altamira es uno de los grandes hechos que han caído
en el regazo de nuestra época. De un golpe, ha triplicado el horizonte
de la memoria humana, de la historia de la civilización ….
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Charles
Graves. Tríptico 1935
Altamira está
a sesenta y cinco millas escasas desde Santander, de forma que antes de
tres horas estábamos ante la cueva más fascinante del mundo.
Hace casi sesenta años el perro de un cazador furtivo se quedó
atrapado en las piedras de la entrada... Así es como se descubrieron
las famosas pinturas del bisonte, los toros, los renos, los caballos salvajes,
los antílopes y otros animales que hacía ya tiempo que habían
dejado de verse en España. Los colores son el rojo y el negro, sobre
el techo de piedra de color gris claro; es tan bajo este techo en algunos
puntos que hay que tumbarse de espaldas sobre una piedra.… para poder ver
las pinturas. Se calcula que las pinturas se ejecutaron en algún
momento entre los años veinte a catorce mil antes de Cristo. Pero
es sencillamente maravilloso el conocimiento de anatomía que poseían,
aunque no es menos maravilloso el talento con el que reprodujeron el movimiento..
Santillana
está a media milla de distancia de las cuevas, es la primera antiguedad
digna de ese nombre en la ruta que nos hemos propuesto seguir por España.
Es difícil describirla... Tiene unos seiscientos habitantes, dos
o tres centenares de casas, tiene una longitud aproximada de unos cuantos
cientos de yardas. El curso de la civilización, sin embargo, aquí
se ha detenido en seco, pero no sólo en abstracto, como se encarga
de recordarnos el feroz empedrado; éste haría perder las
tuercas incluso a un tanque. Lo curioso de esta ciudad es que cada casa
perteneció en el pasado a un noble. Debido a que en la Edad Media
Santillana fue el centro de gobierno de toda Asturias, una área
de sesenta y tres millas de longitud, y de cincuenta y cuatro millas de
anchura...
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Gertrude
Bone. La España tradicional Alrededor de 1930
Como con frecuencia
ocurre en España, no espera una hallar algo tan extraordinario y
humilde como esta vieja ciudad de Santillana. El jazmín estival,
el aroma de los campos de maíz ya maduro, la paz del campo impregnan
y bañan las calles, dos largas calles que llegan hasta la colegiata
románica...
La sencillez
de la colegiata,en el extremo del pueblo, se combina con tal sobriedad
con la sencillez de forma y luz de las colinas circundantes, que ni el
romanticismo de la intensidad de su color consigue convertirla en algo
trivial... El
claustro, espacioso, tiene ese aire de abandono característico de
las iglesias colegiatas. No hay monasterios desafectados que puedan ofrecer
semejante atmósfera de olvido. Siglos de luchas entre clérigos,
de intrigas de nobles, de lujos absurdos y de disputas de toda una época,
sólo han dejado ruinas de una iglesia de pueblo y un poeta clásico
para España.
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Kate
O'Brien. Adiós, España 1935-1936
Santillana del Mar
perdió todo interés en el mundo vulgar hace unos doscientos
años.… Se halla en un valle verde y húmedo. La rodean
unas colinas que no son nada impresionantes; el mar, al que debe
parte de su nombre, no se ve, está a varios kilómetros
de distancia. Consiste el pueblo en dos calles estrechas y una plaza
nada limpia. No creo que cuente más de setenta casas en todo
el pueblo, pero todas son palacios. Está construido con
esa piedra arenisca de color amarillo pálido que le da a España
tantas y tan injustas ventajas artísticas. No hay piedra más
bonita, ni más apta para este arte románico que exportó
Francia al otro lado de los Pirineos en el siglo XII, que ascendió
a la cima de la perfección en lugares como éste ...
El Renacimiento
también dejó huella de su mano en esta curiosa población
medieval de grandes de España.Acarició la fuerza que aquí
halló la mimó y la embelleció ...No había nada
que yo hubiera mejorado en la colegiata; se levanta rotunda al final de
la calle más larga. El descenso por esta calle puede ser difícil.
Si ha llovido, el empedrado es irregular y resbaladizo ... Puede que de
repente una mula mueva la cola justo ante tu cara cuando pasas por un noble
portal. Pero conseguirás bajar, y verás de pronto la fachada
de la parroquia. Es la misma piedra de los palacios, es románico
puro ... El
interior es oscuro, cada arco posee su propia irregularidad... Las proporciones
no tienen ni un defecto.
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Henry
Canova Vollam Morton. Un extranjero en España
1955
El sol no apareció
hasta la tarde; en esos momentos me dirigía hacia Santillana del
Mar, un lugar cercano a las cuevas de Altamira, donde pueden contemplarse
las famosas pinturas prehistóricas. Al coronar una colina, llegué
al pueblecito más extraño que pueda imaginarse: un pueblo
de vacas y escudos de armas, de minúsculos palacios de sólida
piedra de sillería, situados unos junto a otros, como en la calle
de los Caballeros de Rodas...
A un lado
de la pequeña plaza, se halla la casa…. que se ha convertido en
uno de los hoteles más románticos, el Parador Gil Blas; aquí
me alojé en una habitación como para un noble, con mobiliario
e iluminación vagamente medievales, con un baño moderno,
de color verde, que tenía de todo excepto agua caliente.Desde el
balcón que había al final del pasillo me quedé mirando
la plaza empedrada, rodeada de viejos palacios, uno con una hermosa torre
medíeval, con una puerta de entrada como la de una catedral; otro,
con balcones de madera llenos de geranios. Un escenario incomparable para
una tragedia, !pero sin actores! Nunca había estado en un lugar
con menos vida. Esto debe de ser el reposo absoluto que a veces prescriben
los médicos. La única vida que ocasionalmente animaba la
plaza
era una vieja furgoneta de reparto con el correo y comestibles, o algún
vehículo lleno de turistas que exclamaban: "!qué bonito!";
por las tardes, a la hora de ordeñar, aparecían unas vacas
lecheras. Las vacas con los alojamientos más aristocráticos
del mundo, porque más de un establo mostraba sobre el dintel el
escudo de armas de alguna familia.
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Enrique
Lafuente Ferrari. El libro de Santillana 1955
En la eufónica
arquitectura de sus sílabas, el mero nombre de Santillana, si seguimos
los hilos de las asociaciones que hacen vibrar la historia, es capaz de
evocar, para nosotros, galopes de bisontes ante la horda semidesnuda de
los cazadores trogloditas; rítmicos pasos de legiones romanas, que
van a castigar insurrecciones de tribus cántabras; canto litúrgico
de monje, santa la reliquia venerada de una mártir, llegada de remotos
paises; luchas de banderizos feudales, blasones de grandes señores
guerreros, cortesanos y poetas, vidas orgullosas de hidalgos pobres o enriquecidos,
más allá del mar, en servicio real, en las Indias. Cuevas
mágicas y palacios blasonados claustros románicos y desmantelados
torreones. El recuero asocia, también al nombre de la villa montañesa,
rimadas serranillas, historias de capitanes de tercios españoles,
inventadas trapacerías del pícaro de Lesage. Si una abadía
y un pícaro dieron a conocer a Santillana en tiempos pasados, y
si, tiempos después, sonó su nombre ligado al sensacional
descubrimiento de la famosa cueva de Altamira, Santillana ha cobrado de
modo creciente hasta nuestros días, un renombre internacional de
villa del pasado, en la que la historia se hace espectáculo presente
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